Introducción al curso

Antes de que te lances a navegar por los diferentes módulos de este curso, es importante que tengas algo muy presente: el Lean Startup, la metodología que aprenderás de la mano de Néstor Guerra, no es una herramienta para alcanzar el éxito.

Quizás llegues a conseguirlo, pero no es en lo que tienes que estar pensando cuando apliques este método. El Lean Startup es un proceso que permite a los emprendedores fallar rápido y barato. Su principal ventaja es que ayuda a aprender de una manera ágil qué producto o servicio encaja con las necesidades reales del cliente, reduciendo así el riesgo que supone el lanzamiento de un proyecto innovador.

¿Estás preparado?

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Un poco de contexto para ir calentando motores...


Antes de que las metodologías de Customer Development (desarrollada por Steve Blank y centrada en conocer muy bien al cliente y sus problemas antes de lanzar ninguna idea de negocio al mercado) y Lean Startup comenzasen a utilizarse por los emprendedores, la sabiduría convencional indicaba que la primera cosa que tenía que hacer un fundador era crear un plan de negocio de tipo tradicional. 

Estos planes de negocio debían:

  • describir el tamaño de la oportunidad
  • identificar el problema a resolver
  • explicar la solución que la nueva empresa propone
  • incluir un plan a 5 años con ingresos, beneficios y flujo de caja estimados

Así, estos planes tradicionales eran, esencialmente, un documento que se elaboraba desde la soledad de la oficina, despacho o biblioteca antes de que el propio emprendedor hubiera comenzado incluso a construir su producto.

Es posible imaginarse la inmensa cantidad de hipótesis y supuestos que el emprendedor debía asumir para elaborar este tipo de planes, ya que en pocas ocasiones podía disponer de suficiente información sobre su cliente, mercado o modelo de negocio.

Luego, una vez que el emprendedor tenía el plan de negocio, debía empezar una labor de búsqueda de inversión. Cuando levantaban el capital necesario era entonces cuando se comenzaba a desarrollar el producto, siguiendo siempre y de forma fiable el plan previamente elaborado. Durante el desarrollo del producto o servicio se invertían cientos de horas en tener preparado el lanzamiento con muy pocos inputs del cliente.

Después de acabar de construirlo, aparecía la aventura de ponerlo en mercado y obtener los primeros feedbacks de los clientes. Es en este momento cuando los emprendedores descubrían que el cliente no necesitaba la mayoría de las funcionalidades y características que habían desarrollado.


Después de décadas de observar a cientos de iniciativas emprendedoras, hemos aprendido al menos tres cosas:

  1. Un plan de negocio difícilmente sobrevive al primer contacto con los clientes. Tal y como dijo el boxeador Mike Tyson: “Todo el mundo tiene un plan hasta que recibes el primer puñetazo en la cara”.
  2. Nadie (a parte un fondo de capital riesgo) necesita un plan a 5 años sobre una serie de incertidumbres que en la mayoría de los casos son ficción.
  3. Las iniciativas emprendedoras no son pequeñas versiones de grandes compañías. Las compañías ya existentes ejecutan modelos de negocio conocidos, mientras que las iniciativas emprendedoras buscan uno. 

Esta distinción es el corazón del enfoque del curso que estás a punto de comenzar. Recuerda estas tres premisas y... disfruta el camino!