Contexto

Un poco de contexto para entenderlo mejor…

Durante las últimas décadas se han estado elaborando planes de negocio con el método tradicional: los proyectos se concebían en la oficina, se investigaba durante meses desde el ordenador, se elaboraba un plan minucioso, se conseguía financiación y se lanzaban al mercado. Pero sucedía algo: la tasa de fracaso era altísima.

La metodología Lean Startup irrumpe en el siglo XXI para dar solución a este problema: rediseña el proceso de generación de negocios y lo hace mucho más eficiente, ahorrándole tiempo y dinero a los emprendedores. De hecho, este concepto adopta la filosofía Lean Manufacturing aplicada por Toyota para la eliminación de 'desperdicios' en los procesos productivos: el Lean Startup es la evolución de esta idea y su adaptación para el lanzamiento de nuevas empresas al mercado.

No es que los planes de negocio ya no sean necesarios. Por el contrario, estos planes son una herramienta indispensable tanto para las compañías consolidadas como para las iniciativas emprendedoras. El problema radica en que cada caso tiene una connotación radicalmente diferente: mientras que en las compañías consolidadas su elaboración se basa sobre el profundo conocimiento del cliente, el mercado y el modelo de negocio de la empresa, en las iniciativas emprendedoras estas variables son, en la mayoría de los casos, una gran incógnita.

Antes de que las metodologías de Customer Development (desarrollada por Steve Blank y centrada en conocer muy bien al cliente y sus problemas antes de lanzar ninguna idea de negocio al mercado) y Lean Startup comenzasen a utilizarse por los emprendedores, la sabiduría convencional indicaba que la primera cosa que tenía que hacer un fundador era crear un plan de negocio de tipo tradicional. El haber asumido de forma errónea que las startups son pequeñas versiones de las grandes compañías ha hecho que los emprendedores generen hipótesis y supuestos irreales y ha llevado al 90% al fracaso y la quiebra.

 



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